| LA CASA |
No hay lagrimas.
Solo recuerdo infinidad de colores
al igual que todos los días hay amaneceres
y lunas azules.
Conduzco sobre este cuerpo de paisaje
muy despacio
como si nada estuviera sucediendo,
y en verdad que
nada diferente a lo de siempre y en
elecciones acontece.
Se presienten espacios agonizantes,
las mismas manos, ojos y labios deambulando
a la espera en la galería de fotos de la ciudad.
Veo, el carro de los perros en la esquina,
y las ciclas de los señores de al frente,
y trato de arastrar mi pies,
como si nada estuviera pasando,
Tomo el café y dejo que mi
cuerpo se caliente lentamente.
Tengo frió, mucho frió.
Presiento que no voy
a poder seguir, que no puedo continuar,
es un leve presentimiento,
es como si la muerte me
estuviera avisando de su llegada.
Si, pareciera que todo debe cambiar.
Siento recogido
el corazón, se desmorona,
parece que fuera de barro, listo para quebrase si se le
estruja o no se le trata con
cuidado.
Y definitivamente, lo siento de barro.
Siento las manos deteniéndose cerca a mi corazón
y las calles están quietas,
y no siento nada diferente a esta asfixia
que me esta deteniendo a la
entrada de su casa, si, su casa de tierra
pisada y cajas recicladas,
la casa de cuando eramos niños.
LA CASA
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¿Pero que pasa?
¿se han ido?
murieron, si murieron,
los desplazaron,
se fueron.
Ya no camino me arrastro.
Y hoy es día de elecciones.
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